
Durante gran parte de mi juventud, me pregunté cuál era la voluntad de Dios para mi vida. Esperaba que Dios la escribiera en el cielo, diciéndome exactamente qué hacer con mi trabajo, con quién entablar amistad, dónde servir en la iglesia, con quién casarme y mucho más. Sin embargo, con el tiempo aprendí que Dios no obra de esa manera.
Dios sí me ha revelado su voluntad para mi vida. Es diferente de lo que esperaba, pero es mucho mejor. Me ha llamado a ser fiel y a confiar en Él en cada paso de mi vida. Me ha llamado a dar a conocer el evangelio y a hacer discípulos en cualquier lugar donde Él me ponga.
Al final del Evangelio de Mateo encontramos uno de los pasajes más importantes de las Escrituras: la Gran Comisión. Estos versículos nos ofrecen, a todos los creyentes, un marco claro para comprender el propósito de nuestra vida cristiana.
El pasaje dice:
«Por tanto, vayan y hagan discípulos de todas las naciones,
bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo,
enseñándoles a obedecer todo lo que les he mandado.
Y recuerden que yo estoy con ustedes siempre, hasta el fin del mundo.»
(Mateo 28:19–20)
En estos versículos encontramos tres mandamientos y una promesa que nos ayudan a comprender a qué nos llama Dios.
Ir
Lo primero es ir. Cuando Jesús dio esta orden, se dirigía a sus discípulos. Estaba a punto de ascender al cielo y les encomendó la misión de continuar proclamando el evangelio. Al leer el libro de los Hechos, vemos que estos hombres comenzaron a anunciar con valentía la verdad de que Jesús está vivo y que la salvación se encuentra únicamente en Él por medio de la fe. Así nació la Iglesia y el mensaje del evangelio comenzó a extenderse.
Hechos 1:8 dice:
«Pero recibirán poder cuando el Espíritu Santo venga sobre ustedes,
y serán mis testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaria,
y hasta los confines de la tierra.»
Eso fue precisamente lo que hicieron los discípulos y los creyentes de la iglesia primitiva: fueron. La verdad del evangelio transformó por completo sus vidas. Sabían que nada en este mundo era tan valioso como para impedir que otros escucharan el mensaje de salvación.
Los hombres y las mujeres de la iglesia primitiva viajaban, compartían el evangelio y hacían discípulos. Esas personas hicieron lo mismo con otras, y así sucesivamente hasta nuestros días. Gracias a su fidelidad y confianza en Jesús, hoy nosotros también hemos escuchado el evangelio. Si ellos no hubieran obedecido el llamado del Señor, el mensaje del evangelio podría haberse extinguido rápidamente. Pero eso nunca sucedió. Nada puede detener el plan de Dios. Ahora nosotros también somos llamados a participar en esta misma misión.
Aunque Jesús dirigió estas palabras a sus discípulos, siguen siendo verdaderas y aplicables para nosotros hoy. Este mandato de ir es para todos los creyentes. Para algunos, esto significará mudarse al otro lado del mundo para llevar el evangelio a un país donde nunca ha sido anunciado. Para otros, significará trasladarse a otra ciudad para ayudar a plantar una iglesia en un lugar donde hay pocas congregaciones. Para otros, quizá solo implique cruzar la calle para compartir las buenas noticias con un vecino que aún no conoce a Jesús.
Sea cual sea el lugar al que Dios nos envíe, no fuimos llamados a permanecer en nuestra comodidad ni a guardar para nosotros la verdad de Cristo. Vivimos en un mundo que sufre y necesita desesperadamente esperanza, y nosotros tenemos el mensaje de esa esperanza. ¿Conoces a alguien que necesite escucharlo?
Hacer discípulos
La segunda parte de la Gran Comisión consiste en hacer discípulos. Un discípulo es alguien que aprende, sigue y reproduce. Como creyentes, estamos llamados a ser discípulos de Jesucristo. Debemos pasar tiempo con Él por medio de su Palabra, aprender de su ejemplo, rodearnos de otros creyentes y buscar rendición de cuentas en nuestro caminar con Cristo.
Ser discípulos no debe llevarnos al aislamiento, sino a vivir en comunidad con otros creyentes dentro de la iglesia. Todos compartimos la misma misión: entregar nuestras vidas a Jesús. Permitimos que el Espíritu Santo obre en nuestros corazones para transformarnos a la imagen de Cristo. Ese es el proceso de santificación. A partir de ahí, también debemos hacer discípulos. Esto puede parecer abrumador o incluso poco claro. Si queremos saber cómo discipular a otros, debemos fijarnos en el mayor hacedor de discípulos: Jesús.
Jesús compartió su vida con sus discípulos. Vivieron juntos, compartieron comidas, trabajaron juntos y aprendieron de Él. Nosotros estamos llamados a hacer lo mismo: compartir nuestra vida con los demás, involucrándolos en nuestro crecimiento espiritual e invitándolos a caminar junto a nosotros.
Esto puede significar invitar regularmente a una mujer más joven a caminar contigo para conversar acerca de la fe. Puede significar acompañar a una amiga que se ha alejado un poco del Señor y ayudarla a conocer mejor la Palabra de Dios. También puede implicar servir en un ministerio de la iglesia y buscar intencionalmente relacionarte con mujeres que aún no conoces o que son más jóvenes que tú para comenzar a discipularlas.
Estamos llamados a ser discípulos que hacen discípulos. Es uno de los mayores privilegios de la vida cristiana. ¡El Dios del universo nos llama a ser sus embajadores! No dejes pasar esta oportunidad.
Enseñándoles a obedecer
El tercer aspecto de la Gran Comisión es enseñar. Sí, debemos compartir nuestra vida con otros. Pero, al hacerlo, también debemos enseñarles los mandamientos de las Escrituras. No queremos formar únicamente personas con buenos valores, ni siquiera personas que sepan mucho acerca de la Biblia. Queremos enseñar a otros a obedecer los mandamientos de Cristo. Dios nos dio las Escrituras para que conozcamos su carácter, su voluntad, su plan para el mundo y la manera en que desea que vivamos para nuestro bien.
Tal vez algunos piensen: «Yo no puedo hacer eso. No sé lo suficiente de la Biblia». Quiero recordarles que Jesús llamó a hombres comunes y corrientes para que lo siguieran. No les pidió que memorizaran la Torá antes de hacerlo. Simplemente los invitó a seguirlo.
Jesús no te pide que seas un experto en la Biblia. Solo te pide que estés disponible y seas fiel. Si estás en Cristo, el Espíritu Santo vive en ti. Él te capacitará y te guiará cuando enseñes y compartas su verdad.
Recuerda que crecemos en el conocimiento de Dios al caminar cerca de Él. Nuestro papel consiste simplemente en compartir lo que vamos aprendiendo y seguir aprendiendo juntos.
Siempre estoy con ustedes
La parte final de la Gran Comisión es una promesa. Jesús prometió estar con nosotros todos los días, hasta el fin del mundo. No ascendió al cielo para decir: «Buena suerte. Nos veremos después. Avísenme cómo les fue». No. Él nos dio su propio Espíritu, el Espíritu Santo, para que permanezca siempre con nosotros.
Como ya vimos, el Espíritu Santo nos guía, nos fortalece, nos convence, nos anima y hace mucho más. Por eso, cuando tenemos la oportunidad de compartir el evangelio con alguien, es Él quien pone las palabras en nuestra boca. Cuando sentimos temor de invitar a alguien a estudiar la Biblia con nosotros, el Espíritu Santo nos da la fortaleza y la sabiduría para saber qué hacer. Cuando no estamos seguros de hacia dónde nos está guiando el Señor, Él dirige cada uno de nuestros pasos.
La Gran Comisión es una invitación para que tú y yo nos unamos a Jesús en su obra de reconciliar a las personas con Dios. La pregunta es: ¿te unirás a Él?
Emily Hope
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NUEVO ESTUDIO COMIENZA EL 24 DE AGOSTO
Cristo es Todo lo que Necesito
¿Puedes imaginarte el Cristianismo sin Cristo? Dios no quiere que permitamos esa separación en nuestra vida de fe. La carta a los Colosenses fue escrita por el apóstol Pablo para recordarles que sin fe en la suficiencia de Cristo, el cristianismo no es real.
Nuestras vidas se transformarán si llegamos a conocer mejor a Jesús, debemos apreciar todo aquello que Él ha hecho por nosotras y comprender lo que significa estar en comunión con Él. Al igual que los colosenses, necesitamos que se nos recuerde que Jesucristo es suficiente.
En este estudio del libro de colosenses Cristo es Todo lo que Necesito, te encontrarás durante seis semanas por el asombroso y salvador acto de Jesucristo.






