
A nuestro cuarto hijo le pusimos el nombre Jonás. No lo hicimos con la intención de que creciera y se convirtiera en un profeta rebelde. Más que eso, nos gusto el nombre y sonaba bien en los idiomas de mi hogar el polaco y el inglés.(vivimos en Polonia). Todavía recuerdo en la sala de maternidad que la enfermera le decía: “Jonás, Jonás dónde está tu ballena?!”
Todas conocemos la historia de Jonas en detalle. Y si te soy honesta, pienso que yo soy un poco más como Jonas que mi propio hijo.
Identificándome con Jonás
Cuando me mudé a Polonia hace más de veinte años, aún recuerdo cómo mi corazón anhelaba que la gente viera que sus prácticas religiosas y sus buenas obras no les garantizaban un boleto al cielo. Anhelaba desesperadamente compartir el evangelio con ellos y que conocieran la salvación y la libertad que hay en Cristo.
Yo vine por voluntad propia a este pueblo, pero Dios le pidió a Jonás que fuera a un pueblo diferente: los ninivitas. Los ninivitas eran el pueblo que vivía en la capital de Asiria en aquel entonces. En su época, eran conocidos por su poderío militar, su brutalidad y violencia, y su idolatría. Recurrían constantemente a métodos de tortura para aterrorizar y conquistar a otras naciones.
No me puedo imaginar lo que sería si Dios en este momento me pide ir a Rusia. Durante los últimos cuatro años, Rusia ha estado atacando violentamente a su vecina Ucrania. Las historias de los implacables ataques contra civiles, incluidos los dirigidos contra niños y hospitales de mujeres, son repugnantes. Estoy bastante segura de que si Dios me pidiera que fuera a Moscú en este momento y le dijera a Putin que se arrepintiera, yo también estaría comprando un boleto a Tarsis.
Pero si soy sincera en mi corazón, es más que eso. Son las personas que me han hecho daño, que me han traicionado, que han insultado a mi esposo. Tampoco quiero que Dios les ofrezca Su gracia y misericordia.
No deja de impresionarme lo bien que Jonás conocía el carácter de Dios (Jonás 4:2). Jonás comprendía profundamente la naturaleza de Dios. Sabía quién era Dios. Había experimentado la bondad amorosa y la gracia de Dios en su propia vida. Solo quería reservar esa misericordia y esa gracia para sí mismo y para personas como él, pero NO para sus enemigos.
Confiando en Su gracia Incomprensible
Creo que todos llevamos un poco de Jonás dentro. Esa parte que quiere que Dios nos perdone, pero que castigue a nuestros enemigos. Queremos que la sangre de Jesús cubra todos nuestros pecados, pero que “ellos” paguen por ello.
Jonás se enojó con Dios. Y creo que la decisión que tenemos ante nosotros sigue siendo la misma. ¿Nos rebelaremos, en nuestro enojo, contra la naturaleza y el carácter de Dios y le diremos que preferimos morir antes que permitir que perdone a nuestros enemigos? ¿O nos someteremos humildemente a Su voluntad y a Sus caminos, que a menudo están más allá de nuestro entendimiento?
Debo recordar que si Su gracia es suficiente para mí y para el ladrón en la cruz, entonces Su gracia también es suficiente para todos mis enemigos.
Jesús, ayúdanos por medio de tu Espíritu a acoger tu gracia que salva nuestras almas del pecado.
Danos la humildad y la fortaleza para aceptar que tu regalo de la salvación está disponible para todos los que crean, incluso para aquellos a quienes nosotros consideraríamos indignos. Gracias porque, en tu misericordia, has abierto un camino para que todos podamos regresar al Padre. Amén.
Krista Taylor





