El Privilegio de la Obediencia

 

“¿Sabes cuántos años tengo, verdad?”  Estas fueron las palabras que le dije a mi jefe cuando me  pidió que tomara un rol importante en el trabajo. Tenía 28 años y además era soltera,  y quería que tomara el ministerio de mujeres en la iglesia. No me sentía calificada ni lista.

 

Las escrituras nos dicen que Moises  se sentía de esta manera cuando  Dios lo llamó a él y  Aaron a ir  delante del Faraón para solicitar que dejara ir a los israelitas. Moises  tenía cada objeción lista para dar a Dios, pero al final obedeció. ¿Porque?

 

Éxodo nos dice que  Dios le dejó  claro que Él era quien tenía que estar a cargo.  Él sería el único  que  movería el corazón del Faraón,  incluso su duro corazón, para dejar ir al pueblo.  Dios sería el único que, en última instancia, se llevaría la gloria. Moisés no era más que un siervo del señor. 

 

 

La obediencia que no tiene sentido

 

Cuando miramos a través de la escritura, observamos incontables ejemplos de Dios llamando a Su pueblo para hacer algo que no tiene sentido. Moises y Aaron en Egipto son uno de estos ejemplos. 

 

¿Por qué pareciera que Dios por lo general actúa de esta manera? Quizás la  desconexión no es con  lo que Dios  nos está llamando a hacer si no con nuestro entendimiento. Los caminos de Dios son más altos que nuestros caminos. Solo podemos ver una pequeña parte de lo que Él está haciendo.

 

Si alguna vez has estado en un laberinto,  sabes que puede ser desorientador.  Todo lo que puedes ver son barreras enfrente de ti. Puedes usar el sol o tu sentido innato de dirección, pero la mayoría del tiempo, solo estas adivinando a donde ir.  En la mayoría  de los laberíntidos hay una torre cerca donde una persona puede ver el laberinto completo. Su trabajo es mirar alrededor y ayudar a aquellos que  están en problemas  para salir. Pueden ver el panorama completo. Esto es solo un pequeño ejemplo de lo que Dios puede ver. El puede ver  hacia dónde vamos y cada posible resultado, también puede sostener todo firmemente y confiadamente en Sus manos.

 

Dios no es un Dios de caos si no de orden.  Cada vez que Dios me ha llamado para algo que no tiene sentido,  siempre me asombro de cómo todo hace sentido al final.  Pensarás a estas alturas ya confío plenamente en Él desde el principio y de inmediato pero parece que tardo en aprender.

 

 

La Obediencia que  confía profundamente

 

Moises sabía que Dios lo estaba llamando a volver a Egipto, su tierra natal de donde había huido, y a su familia no le hacía absolutamente sentido.  Pero Moises había visto el poder de Dios a través de la zarza ardiente. Sabía que el poder de Dios era más grande que cualquier poder del Faraón.

 

La confianza de Moises en Dios era profunda y con el tiempo sería más profunda. Después de todo, Moises iría con los líderes de los israelitas, su pueblo de nacimiento pero con el que nunca había realmente convivido, y llegaría a pedirles que lo siguieran porque tenía una palabra que recibió de Dios. Sabía que el rechazo era una respuesta probable, pero también sabía  la promesa que Dios le había hecho. 

 

Tenemos que recordar  las promesas de Dios. Sus promesas son tan seguras que ninguna palabra puede frustrar los planes de Dios.  Confiar en que Dios nos ayudará a salir adelante a pesar de todas las dificultades, nuestra fe se profundiza y nuestros corazones se preparan para sentir asombro al ver cómo Dios cumple su promesa.

 

 

La obediencia que va más allá 

 

El último aspecto de la obediencia que muestra Moisés es uno que va más allá. Moisés no dijo: “Sí, Dios, confío en ti”, para luego esperar unas cuantas señales más que confirmaran su llamado. No fue con timidez ni albergó dudas en secreto, ni entró sin convicción en la sala del trono del faraón, sabiendo que era una tarea inútil. No, Moisés entró con la fuerza del Señor.

 

Esto no significa que no podamos tener miedo o incluso dudar. Esas son respuestas humanas normales. En cambio, debemos llevar esos miedos y dudas ante Dios. Debemos ser completamente sinceros con Él. Eso no lo toma por sorpresa ni anula su capacidad para obrar en nosotras. Nos permite caminar en libertad y dejar que el Espíritu Santo se haga cargo de nuestros corazones y mentes mientras nos esforzamos por obedecer.

 

Cuando Dios nos llama a obedecer, la respuesta correcta es decir “sí” y seguir adelante. Al hacerlo, podemos ver la bendición de ser utilizadas por Dios.

 

En mi caso, con la ayuda de la oración y de hablarlo con mi familia, mis amigas y mujeres mayores en las que confío, di un paso adelante con fe, sabiendo que necesitaría la guía del Señor en cada paso del camino. No siempre ha sido fácil dirigir un ministerio con mujeres que,en su mayoría, son mayores que yo. Me llevó tiempo ganarme su confianza y simplemente ser fiel. Pero ahora, puedo mirar atrás y ver la mano de Dios preparándome para este papel y acompañándome en él día tras día.

 

La obediencia a la Palabra de Dios es un privilegio y una alegría, incluso cuando no tiene sentido, porque profundiza nuestra fe y nos impulsa a seguir adelante. ¿Obedecerás hoy?

 

Emily Hope

 

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Semana 4 – Desafío

 

La obediencia se fundamenta en conocer el amor de Dios para nosotras, y algunas veces olvidamos estas verdades. Haz un listado,ya sea en tu teléfono o en un trozo de papel, de aquellos versículos que pueden recordarte de la fidelidad de Dios y de Su provisión en tu vida.

 

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