Nuevo Corazón, Nueva Obediencia

 

Piensa en un día cualquiera. ¿Qué palabras ocupan tu mente? ¿Qué contenido llena tu corazón? En el mundo occidental, no muchas de nosotras acostumbramos llevar recordatorios físicos atándonos signos en las manos o en la frente, para dar valor a la palabra. Pero todas centramos nuestra atención y nuestro cariño en algo.

 

La mayoría de las veces, las palabras que dominan nuestras mentes y que actúan como frontales entre nuestros ojos son aquellas que ojeamos rápidamente en las redes sociales o que vemos en un mensaje de una amiga. Aquí, en Deuteronomio 11:18, Yahvé exhorta a su pueblo del pacto a que atesore las palabras que les ha dirigido, palabras que están destinadas a dar vida cuando se obedecen.

 

Los mandamientos del Señor son el fundamento

 

Deuteronomio 11 comienza con un llamamiento al amor y la obediencia sinceros hacia Yahvé. El fundamento de este amor y esta obediencia se revela cuando Moisés relata todas las maravillosas obras y señales que Yahvé realizó en favor de Su pueblo del pacto.

 

Desde su liberación de la esclavitud en Egipto hasta la separación del Mar Rojo y Su provisión en el desierto, Dios había demostrado Su fidelidad al cumplir Sus promesas.

 

Ahora los está preparando para entrar en la Tierra Prometida. Los mandamientos y las palabras de Yahvé deben ser fundamentales para su identidad y para su forma de vivir en esa tierra.

 

Lo que se nos presenta en Deuteronomio 11:18-25 es un hermoso llamamiento que sabemos que debería caracterizarnos como cristianas. Si somos sinceras, es un mandamiento imposible de obedecer a la perfección.

 

En última instancia, Israel fracasó a la hora de cumplir lo que el Señor les había mandado. Literalmente, infringieron las palabras que Dios les había dado (Deuteronomio 10:1-2). ¡Es como si Dios les suplicara que no olvidaran sus palabras! Guardadlas, atadlas y ponedlas entre vuestros ojos.

  

 

Implantados con la Palabra de Dios

 

Pero no importaba cuantas veces memorizaran un versículo o un mandamiento, nunca serían capaces de alcanzar el tipo de obediencia que Dios les exigía. Por eso se prometió y se profetizó el Nuevo Pacto en Jeremías 31 y Deuteronomio 10:12-22. No necesitaban mejores métodos de estudio, ni rutinas de tiempo de recogimiento, ni hábitos más estrictos; necesitaban corazones nuevos.

 

Las promesas del Nuevo Pacto se cumplen y se realizan en Jesús, el verdadero y mejor Israel. Él fue perfectamente obediente a todos los mandamientos del Padre y nos concede las bendiciones de esa obediencia por la fe.

 

A través de la fe en Cristo, tenemos la ley escrita en nuestros corazones. Conocemos al Padre y nuestros pecados nos son perdonados (Jeremías 31:31-34). Tenemos una obediencia impulsada por el Espíritu que brota del fundamento del Evangelio que Cristo ha sentado en nuestros nuevos corazones, al reflexionar sobre todo lo que Él ha hecho por nosotras en Cristo.

 

Santiago 1:21 nos dice que esta palabra salvadora está ahora “implantada” en nosotras. Esta “palabra implantada” no significa que el mandamiento de Deuteronomio 11:18 carezca de bendición o importancia para nosotras hoy en día. Simplemente significa que este mandamiento es ahora posible a la luz de Cristo. Por eso Pablo dice: “Que la palabra de Cristo more en vosotros abundantemente” (Colosenses 3:16) y anima de manera práctica a la iglesia a “guardar estas palabras en nuestros corazones” predicando la Palabra, escuchando la Palabra, cantando la Palabra y orando con la Palabra.

 

 

La Palabra de Dios trae bendición

 

El Salmo 1 hace eco del mensaje de Moisés en Deuteronomio 11, al describir al hombre bendito como aquel que “Dichoso el hombre que no sigue el consejo de los malvados,ni recorre el camino de los pecadores, ni se sienta a conversar con blasfemos, sino que en la ley del Señor está su delicia y en su ley medita de día y de noche.” (v. 1-2).

 

¡Somos bendecidas, hermanas, cuando atesoramos la Palabra en nuestro corazón! Tenemos la seguridad de que, al atesorar la Palabra de Dios implantada en nosotras a través de Cristo y revelada en las Escrituras experimentamos las bendiciones de su obediencia.

Jenna Rea

Estudio Bíblico Relacionado

Recibe nuestras actualizaciones

Recientes