
Amo la Palabra de Dios. Contiene innumerables historias y testimonios que nos muestran el corazón de Dios. No solo eso, sino que el hecho mismo de que Dios nos haya dado intencionalmente Su Palabra y haya ordenado que se escribiera a lo largo de 1600 años por cuarenta autores diferentes en tres continentes distintos, nos muestra cuánto se preocupa por nosotros y cuánto anhela que conozcamos Su gran amor.
Esta particular historia de las Escrituras siempre ha sido una de mis favoritas por la forma en que Dios nos muestra Su poder y Su presencia. El hecho de que Dios salvara a Sadrac, Mesac y Abednego de un horno ardiente sin dejar rastro alguno de fuego en ellos es un verdadero milagro. Dios nos muestra que siempre hace más de lo que podemos pedir o imaginar, y que reina sobre todo. Pero la forma en que los salvó me conmueve profundamente.
Dios podría haber salvado a estos hombres del fuego con una palabra del cielo. Podría haber apagado el fuego por completo. En cambio, literalmente se hizo presente con ellos en medio del fuego. No perdamos de vista la belleza de este momento. Lo Divino irrumpiendo en el mundo físico y pecaminoso, en su parte más caótica. Lo Divino encontrándonos justo donde estamos, trayendo luz, protección, provisión, sanación, esperanza y propósito a nuestra situación actual.
Es aquí donde el corazón de Dios se nos revela. El Dios al que servimos está dispuesto a descender del cielo para salvarnos. Este momento es increíble y también sirve como prefiguración de la forma en que Jesucristo vendría a salvarnos a todos (Juan 1:14).
Este es el Dios al que podemos elegir obedecer
Aquí hay otras reflexiones preciosas que podemos extraer de esta historia:
- Cuando elegimos obedecer, actuamos de acuerdo con el carácter de Dios, y Él confirma aún más Su carácter. Estos tres hombres tomaron la decisión de obedecer a Dios a pesar de las consecuencias porque conocían Su carácter. Sabían que Dios tenía el poder de salvarlos, y así se lo declararon al rey (Daniel 3:17). También decidieron que obedecerían a Dios incluso si Él decidía no salvarlos (3:18). Dios se sintió profundamente honrado por su fe en Él y su devoción hacia Él, por lo que intervino para mostrarles a ellos y al mundo lo poderoso y amoroso que es.
- Nuestro llamado divino viene acompañado de provisión divina. Dios nos ha llamado a obedecerle, a fijar nuestra mente en las cosas eternas y no en las temporales (Colosenses 3:2). Este es un llamado divino. Cuando obedecemos, Dios nos ayuda. No nos deja solos en nuestra obediencia. Cuando nos llama, provee para nosotros. Su Espíritu nos fortalece, nos anima y nos capacita. Él mismo va con nosotros y delante de nosotros (Juan 14:16-17). Tenemos todo lo que necesitamos para vivir la vida a la que nos ha llamado (2 Pedro 1:3).
- Nuestra obediencia muestra al mundo quiénes somos y quién es Dios. Cuando el rey vio que estos hombres estaban protegidos divinamente, los llamó a salir del horno. Así los identificó: siervos del Dios Altísimo (Daniel 3:26). Luego, declaró: «No hay otro dios que pueda librar de esta manera» (3:29). Nuestra obediencia muestra al mundo quiénes somos: siervos del Dios Altísimo. Nuestra obediencia también muestra al mundo quién es Dios: Todopoderoso y Omnipotente, digno de nuestra alabanza.
- Nuestra obediencia abre la puerta para que el poder de Dios se manifieste. Si estos tres hombres no hubieran actuado con fe y no se hubieran opuesto a la corriente cultural, no habríamos presenciado una demostración tan poderosa del poder salvador de Dios. Dios podría haber mostrado Su poder al rey y a todo el pueblo sin ellos, pero entonces se habrían perdido la bendición de ser usados por Él. Dios quiere usarnos para proclamar la grandeza de Su poder y la belleza de Su evangelio.
- El favor de Dios reposa sobre nosotros cuando obedecemos. En esta historia, estos hombres fueron ascendidos por alguien que antes despreciaba con orgullo la fe de ellos (Daniel 3:30). ¡Solo Dios puede transformar corazones de esta manera (3:28-29)! ¡Qué gozo es caminar en el favor constante de un Dios que no nos condena porque estamos cubiertos por la justicia de Su Hijo, Jesús (Salmo 34:22)! «Si Dios está a nuestro favor, ¿quién estará contra nosotros?» (Romanos 8:31).
Una reflexión final:
El Señor me habló profundamente al leer estas palabras de Daniel 3:25 (NVI):
—¡Pues miren! —exclamó—. Allí en el fuego veo a cuatro hombres, sin ataduras…
¡Qué hermosa es la expresión «sin ataduras»! Estamos hablando de obediencia, y muchos pensarán rápidamente en esclavitud. Pero en la Palabra de Dios, en esta misma historia, vemos la obediencia ligada a esta expresión: «sin ataduras». Vemos la obediencia ligada a la libertad en la presencia de Cristo. Jesús estuvo presente en aquel fuego, por lo que había una libertad abundante.
Nosotros también podemos experimentar esta libertad divina. Gracias al sacrificio de Jesús, por la fe, podemos convertirnos en el templo mismo de Dios, albergando Su presencia, siendo continuamente colmados de Su gracia que nos libera. ¿No es hermoso?
Grace Ann Oglesby





