
En el oeste de Estados Unidos, los ganaderos usan un hierro candente para marcar al ganado de su rebaño. Este marcado permanente sirve como prueba de propiedad que no deja lugar a dudas. Si el ganado se aleja del pastizal, el símbolo grabado en su piel lo protegerá de los cazadores furtivos y ayudará a que vuelva a casa.
Abraham aceptó de buen grado que lo marcaran como propiedad de Dios Todopoderoso mediante la circuncisión. Su obediencia demostró su fe en la Palabra de Dios porque pasó a la acción. Al cortarse físicamente el prepucio, demostraba que su corazón estaba totalmente entregado a seguir todos los mandamientos de Dios.
Su obediencia fue sin vacilaciones. Este hombre de fe respondió rápidamente y no perdió el tiempo en hacer lo que Dios le dijo. Abraham pasó a la acción ese mismo día y no se anduvo con rodeos ni dudó sobre si debía entregarse por completo o no.
En lugar de poner excusas, Abraham cumplió al pie de la letra la orden de Dios. Este hombre de 99 años no dejó que el miedo ni las dudas le impidieran obedecer de inmediato. Cumplió los mandamientos del Señor con entusiasmo y sin demora (Salmo 119:60).
Su obediencia no tuvo límites. Abraham no le ocultó nada al Señor. Incluyó a todos los varones de su casa. Con fe, este seguidor creía que si entregaba todo su futuro al Señor y confiaba en Él, el Señor actuaría a su favor (Salmo 37:5).
Abraham no temía las posibles molestias personales que pudiera acarrear la obediencia. Circuncidar a todos los siervos de su casa al mismo tiempo suponía el riesgo de que los guerreros, ya debilitados, se quedaran indefensos si el enemigo atacaba en los días siguientes. En lugar de dejar que los «peores escenarios posibles» le impidieran seguir adelante con fe, este líder decidió creer que Dios sería fiel para cumplir Sus promesas y proteger a Su pueblo.
Este signo externo de devoción a Dios no habría significado nada si Abraham no se hubiera apartado de su pecado con un corazón arrepentido y hubiera decidido hacer caso a la Palabra de Dios. Su confesión de fe permitió que Dios purificara su corazón y creara un espíritu nuevo en este hombre que antes se resistía con terquedad. Su determinación de responder a Dios de todo corazón ayudó a transformar el carácter de Abraham. Cuando ponemos nuestras vidas completamente en manos de Dios, Él purifica nuestros deseos.
La circuncisión en el Antiguo Testamento era una imagen de cómo tú y yo estamos llamadas a entregar plenamente nuestros corazones al Señor hoy en día. Como Jesús murió en La Cruz por nuestros pecados, hemos sido compradas con el precio de Su precioso sacrificio, y ya no nos pertenecemos a nosotras mismas. Cuando ponemos toda nuestra confianza en Cristo, el Espíritu Santo sella nuestros corazones y nos identifica como hijas de Dios.
El Espíritu de Dios marca nuestro corazón, y ahora vivimos para decir «no» al pecado y para adorar a nuestro Salvador. Dondequiera que Dios te haya puesto en esta etapa de tu vida, puedes elegir Obedecerle con valentía y sin dudar. No te guardes nada y haz saber al mundo que perteneces a tu Padre Celestial.
Lyli Dunbar





