Aquel Que Te Llama

 

He escuchado la historia de Noé contada cientos de veces. Tal vez tú también. Si no tengo cuidado, esa repetición puede hacer que olvide cuán asombroso, poderoso y majestuoso es mi Dios. Nunca quiero que el cansancio o la apatía opaquen esos momentos especiales en los que estoy sentada en la Palabra que el Señor me ha dado. Nunca quiero que la bondad del carácter de Dios pase desapercibida. En verdad, cada momento que pasamos en Su Palabra es una oportunidad para maravillarnos ante Aquel que nos da la vida (Hechos 17:28).

 

Después de leer Génesis 6, es fácil centrar la atención en la respuesta de Noé al mandato de Dios de construir un arca. Esa obediencia es extraordinaria, y hablaremos de ella más adelante. Pero hay algo más que llama mi atención. Es algo que tiene más que ver con Dios que con Noé.

 

 

Dios Quiere Que lo Amemos.

 

La Palabra dice en Génesis 6 que el mundo estaba tan lleno de maldad y corrupción que la humanidad había traicionado a Dios. Como resultado, Dios tuvo que destruir toda la tierra y a todos sus habitantes. Aunque Dios prometió que nunca más volvería a inundar la tierra (Génesis 9:11), esta parte de la historia nos muestra Su poder absoluto y Su perfecta justicia. También nos revela cuánto desea que Su creación lo ame y viva en una relación con Él.

 

Es fácil leer este pasaje y pensar que somos mejores que los habitantes de la tierra en aquel tiempo, pero la Escritura nos dice que todos hemos pecado (Romanos 3:23). Cada uno de nosotros ha traicionado a nuestro Dios bueno y amoroso. Pero precisamente por eso el evangelio es una noticia tan maravillosa. El amor de Dios por nosotros es más grande que nuestro pecado. Dios envió a Su Hijo, Jesús, para pagar el precio por nuestros pecados al morir en nuestro lugar. Cuando ponemos nuestra fe en Él, somos cubiertos con Su justicia. ¡Alabado sea Dios!

 

Esta es la verdad: Dios es digno de toda nuestra alabanza y desea nuestra completa devoción. Fuimos creados para adorarlo y glorificarlo, para honrar Su corazón, para unirnos a Él en Su poderosa obra de salvación y para disfrutar de Su presencia y de la comunión con Él para siempre.

 

 

Aquel que nos llama a obedecer

 

Ahora que hemos recordado la belleza del evangelio, podemos hablar del inspirador acto de obediencia que demostró Noé. Dios le encomendó una tarea que parecía una locura a los ojos del mundo: construir un arca. Era una obra que le tomaría muchos años completar, en medio de una comunidad y una cultura que vivían completamente apartadas de Dios. Imagina las críticas y las burlas que, muy probablemente, enfrentó cada día. A pesar de todo eso, Noé obedeció cada una de las palabras de Dios (Génesis 6:22).

 

La pregunta es: ¿cómo? ¿Cómo pudo Noé tener la valentía de obedecer a Dios en una cultura que iba en la dirección opuesta? ¿Cómo podemos nosotros elegir obedecer a Dios como lo hizo Noé?

 

Tenemos que conocer a Aquel que nos llama a obedecer. Quizá lo más importante antes de la obediencia es conocer a Aquel que te llama. Detente un momento y reflexiona: ¿Conoces el carácter de tu Dios? Tal vez no. Tal vez sí. O quizá lo has olvidado. Permíteme recordarte quién es Dios. Él es la definición misma del amor. Estas son las hermosas palabras de 1 Juan 4:7-10:

 

“Amados, amémonos unos a otros, porque el amor es de Dios. Todo aquel que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios. El que no ama no ha conocido a Dios, porque Dios es amor. En esto se manifestó el amor de Dios para con nosotros: en que Dios envió a su Hijo unigénito al mundo para que vivamos por medio de Él. En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que Él nos amó a nosotros y envió a Su Hijo como sacrificio expiatorio por nuestros pecados.”

 

No has sido llamado a obedecer a un dios distante o indiferente. Has sido llamado a ser salvo y a caminar, paso a paso, con el único Dios verdadero, quien te ama profundamente y derrama sobre ti Su gracia abundante. La obediencia comienza con un corazón agradecido por esa gracia: la gracia rica, abundante e inmerecida de Dios.

 

Una última reflexión: la obediencia no solo honra a Aquel que dio Su vida por nosotros, sino que también nos permite disfrutar de toda bendición espiritual en Cristo, porque Dios es así de bueno (Efesios 1). Así como Dios tenía en mente el bien de Noé y quiso salvar su vida y la de su familia, también tiene lo mejor para nosotros. Cuando obedecemos Su Palabra y seguimos el ejemplo de Cristo, podemos vivir con paz, gozo y una vida abundante, una alegría gloriosa e indescriptible (1 Pedro 1:8).

 

¡Alabado sea Dios!

 

¿Conoces a Aquel que te llama?

 

Grace Ann Oglesby

 

Estudio Bíblico Relacionado

Recibe nuestras actualizaciones

Recientes