Superando el Quebrantamiento

 

Cuando pecamos contra Dios, siempre habrá consecuencias.

 

Vemos esto desde el comienzo de la Creación, cuando nuestros primeros padres, Adán y Eva, tomaron decisiones que introdujeron corrupción en la relación armoniosa que Dios había creado en el Edén. Aunque en ese momento varias maldiciones llegaron a la tierra, una en particular fue la tensión en las relaciones entre hombres y mujeres, especialmente en el matrimonio.

 

En Génesis 3, aprendemos que la serpiente fue maldecida y que tanto Adán como Eva recibieron consecuencias por sus acciones. Existen diferencias importantes entre una maldición y una consecuencia. Las maldiciones se consideran de origen divino, mientras que las consecuencias son el resultado natural de apartarse del orden establecido por Dios. Dios no maldijo a la humanidad, pero permitió que Adán y Eva enfrentaran la realidad quebrantada que habían elegido en ese momento.

 

 

Atrapados en Nuestro Pecado

 

Los efectos de la caída se sienten en todas partes, y todavía hoy vivimos con esas consecuencias. Lo vemos en la misma creación, que gime anhelando ser liberada (Romanos 8:21-22), así como en el esfuerzo y el sufrimiento que tanto hombres como mujeres experimentan cada día.

 

Estoy muy agradecida de que Dios no dejara a Adán y Eva sumidos en su pecado y vergüenza. Tampoco nos abandonó a nosotros en nuestro pecado. De hecho, sabemos por Génesis 3:9 que Dios llamó a Adán y Eva y les preguntó: “¿Dónde están?”. Dios sabía dónde estaban. Sabía que se estaban escondiendo. Conocía su vergüenza. Pero en ese momento, Dios, nuestro Padre amoroso, los invitó al arrepentimiento y a la restauración. Aun así, las consecuencias seguían existiendo.

 

Cuando somos “descubiertas” podemos estar seguras que es por la bondad y misericordia de Dios.  Recientemente escuché una conversación en un pódcast entre Jennie Allen y Tim Ross, donde hablaban de lo bueno que es que nuestro pecado y desobediencia salgan a la luz. “Ser descubierto es ser preservado”. Dios no está tratando de “atraparnos”, sino de guardarnos. Y la manera en que nos guarda es permitiendo que se descubran aquellas cosas que nos mantienen alejados de Él.

 

Esta conversación realmente me impactó. ¡Es tan cierta! Como madre, les digo algo parecido a mis hijos con bastante frecuencia: agradezcan que el Señor haya sacado a la luz aquello que necesitaba ser revelado. ¡Es para nuestro bien! Sí, existen consecuencias, pero también existe una oportunidad para la restauración de las relaciones. Cuando enfrentamos nuestra desobediencia y nuestro pecado, desarmamos aquello que el enemigo intenta usar en nuestra contra para crear distancia en una relación. El pecado oculto y no arrepentido nos impulsa a evitar a Dios.

 

 

Someterse y Rendirse

 

Dios, en Su bondad, proveyó maneras para que podamos superar los efectos del pecado y del quebrantamiento. Ante todo, envió a un Redentor y Salvador para rescatarnos de nuestro pecado y restaurarnos a una relación correcta con Dios. A partir de ahí, estableció principios para que los matrimonios cristianos prosperen en amor y servicio. Pablo presenta estas hermosas instrucciones, que restauran el quebrantamiento producido por la caída entre esposo y esposa. Lo encontramos en Efesios 5:22-33, donde llama a las esposas a someterse a sus esposos (no para ser controladas) y a los esposos a amar a sus esposas (no para dominarlas). ¡El orden puede ser restaurado!

 

Hoy les escribo estas palabras como una madre soltera y divorciada que está aprendiendo a navegar la vida y la crianza de sus hijos de una manera que jamás imaginó. Hay dolor tanto en dar a luz como en criar a los hijos, así como en la forma en que mi corazón fue maltratado dentro de mi matrimonio. Pero el Señor no me dejó en medio del desorden. El Señor es mi esposo, a quien debo someterme y rendirme cada día. Ya sea que estés soltera, casada, divorciada o viuda, todas tenemos una cobertura sobre nosotras y una autoridad a la cual rendirnos. El deseo de dominar habita en cada una de nosotras. Mi oración por cada mujer que lea esta reflexión es que tenga un corazón dócil y rendido, sometido a Su diseño. Una obediencia completa.

 

Kelli Trontel

Estudio Bíblico Relacionado

Recibe nuestras actualizaciones

Recientes