Una Relación Fortalecida por La Obediencia

 

La obediencia suele ser la diferencia entre dónde estás y adónde te está llevando Dios. No digo esto para convertir nuestra relación con Dios en algo transaccional. Más bien, a menudo nos encontramos estancadas en un lugar porque nos negamos a obedecer lo que Dios dice o porque lo que Él dice nos parece muy duro y nos exige mucho sacrificio. 

 

El mundo valora la obediencia como una herramienta para conseguir algo, pero las hijas de Dios vivimos una vida de obediencia por naturaleza porque amamos a nuestro Padre y estamos comprometidas a vivir como Él quiere que vivamos. 

 

 

Visión limitada y obediencia limitada

 

Mi hijo, que tiene más de tres años, a veces expresa opiniones muy firmes. Pero tiene tres años. Aún no ha visto nada de la vida. Su experiencia es tan protegida que su única preocupación es con qué juguete jugar. Pero para que esté a salvo, para que pueda vivir la vida al máximo, tiene que confiar en mí y en lo que le digo. Cada vez que desobedece, sobre todo cuando se trata de su seguridad, acaba haciéndose daño. 

 

Necesita que lo tomen bien de la mano y lo guíe hasta que sea capaz de valerse por sí mismo. Eso no puede pasar a menos que obedezca mis palabras e instrucciones. 

 

Como seres humanos, tenemos una visión y un conocimiento limitados de la vida. Tanto es así que apenas tenemos control sobre lo que va a pasar en el próximo minuto. La vida que Dios quiere que vivamos con Él es una que no podemos vivir al máximo porque no la conocemos en su totalidad. 

 

 

 

La Obediencia que lleva a la intimidad

 

Pero, ¿cómo nos movemos por la vida? ¿Cómo nos convertimos en verdaderas hijas de Dios que confían en que Él nos guíe y que hemos decidido vivir la vida según las condiciones de Dios?

 

Lo hacemos viviendo cada día en obediencia. Si queremos vivir como Dios quiere que vivamos, tener una relación con Él que sea auténtica y duradera, y movernos con éxito por la vida, entonces la obediencia es el comienzo de ese camino. 

 

La obediencia nace de la confianza, el amor y un profundo deseo de honrar a Dios y vivir para Él. Como madre, sabes cómo se te llena el corazón de orgullo y alegría cuando tus hijos te obedecen. Sabes cómo se fortalece el vínculo entre ustedes. Imagina cómo será con Dios. 

 

Si buscas intimidad con Dios, eso empieza por la obediencia. 

 

 

 

Una Relación de Obediencia

 

En el pasaje de hoy, vemos a Abraham dar un paso adelante en obediencia a Dios. Confió en Dios y decidió obedecerle. Ese único paso abrió el camino a toda una vida de comunión entre Dios y Abraham, hasta tal punto que Dios llamó a Abraham «Su amigo» (Isaías 41:8). Ese paso de obediencia abrió una puerta por la que tú y yo hemos entrado para llegar a Cristo. 

 

La obediencia nos lleva a una relación más sólida con Dios para aquellas que han confiado en Jesús. No puedes ser amiga de alguien con quien no tienes una relación. Solemos tener mucho en común con nuestras amigas. ¿Por qué? Se debe a nuestra cercanía y a que damos prioridad al tiempo que pasamos juntas. 

 

La obediencia nos acerca más a Dios. Cuando nos acercamos a Él, nos parecemos más a Él. Lo único que se interpone entre nosotras y la intimidad con Él, y entre nosotras y el hecho de parecernos más a Jesús, es la obediencia. 

 

El autor de un himno escribió estas palabras atemporales: «Confía y obedece, pues no hay otra forma de ser feliz en Jesús que confiar y obedecer». ¡Confía en Dios! Solo puedes obedecer a alguien en quien confías.

 

Cuando decides poner tu confianza en Él,

la obediencia se vuelve más fácil porque confías en Él y

sabes que nunca te fallará.  

 

 

 

La Fe que Crece a Partir de la Obediencia

 

Cada vez que Abraham decidía no confiar en la sabiduría de Dios, desobedecía a Dios. Y cada vez que confiaba en la sabiduría y la providencia de Dios, obedecía. En la historia de Abraham, vemos surgir una hermosa imagen que hace que nuestra fe crezca en las realidades de nuestro Padre celestial. 

 

Cuando vivimos una vida de obediencia, como Abraham, nuestra luz brilla para que todas la vean. Cuando nuestra luz brilla, Cristo es exaltado y la gente llega a Conocerlo. Del mismo modo que podemos mirar atrás a la historia de Abraham y sentirnos animadas en nuestro camino de fe, así también otros pueden mirarnos a nosotras y sentirse animadas a seguir a Dios. 

 

Seamos personas que viven una vida de obediencia a Dios.

 

Ebos

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