La Identidad se define como quién o qué es una persona o cosa. Es fácil definir nuestra identidad por nuestra familia, nuestra profesión o nuestra nacionalidad. Usualmente definimos nuestra identidad por nuestras acciones, nuestras palabras o nuestra reputación (la percibida y la real). Creamos la identidad de manera consciente e inconsciente. Todos tenemos una identidad distintiva pero es difícil determinar el momento crucial en el que nuestra identidad se formó o cómo llegamos a definirnos a nosotras mismas de la manera que lo hacemos. Puede ser muy difícil saber si nuestra identidad es verdadera o si nos hemos dado una identidad falsa.
Sin conocer nuestra verdadera identidad, no podemos vivir de la manera en la que fuimos diseñadas para vivir. En Cristo, tenemos una identidad inmutable y segura. Él ha marcado nuestras vidas por Su vida, Su muerte y Su resurrección. Su sacrificio en la cruz nos ha cambiado, marcándonos como Suyas.
El sacrificio de Cristo nos permitió ser criaturas nuevas. Él pagó el precio por nuestros pecados, permitiéndonos vivir sin culpa o vergüenza. Él cubrió nuestros pecados dándonos una nueva imagen. Somos perdonadas en Él, justificadas por Su sacrificio. Hemos sido rescatadas de nuestra vida anterior y selladas como Suyas por la eternidad.
A pesar de que a menudo es lo que más nos cuesta creer, nuestra identidad en Cristo es permanente. Él nos ha escogido. Él nos ha redimido y nunca nos abandonará. Somos Sus hijas, en Él estamos seguras.
Mientras estudias tu identidad en Cristo, pídele a Dios que te revele continuamente Su amor por ti. Pídele que descubra áreas de tu vida en las que te resulte difícil creer en Su verdad. Dios anhela que sepas quién eres en Él. Busquemos juntas en Su Palabra la verdad de quiénes somos en Jesús.





