Terminando Bien

 

Recientemente, mi esposo y yo hemos visto esos videos en línea de personas quienes  dejan  una estrella de reseña en las recetas. No es que la receta  en sí misma esté mal.  Es que la persona al seguir la receta no  lo hizo  correctamente.

 

La mayoría de los reposteros estaban tratando de tomar atajos o terribles sustituciones. Una repostera supuso que al lugar de hornear su postre a 300 grados. Como tenía prisa lo iba a hornear  a 450 grados para ahorrarse la mitad del tiempo.  Innecesario decir, que el postre estaba quemado por fuera y crudo por dentro.

 

Otra persona estaba siguiendo una receta que llevaba melocotones. Como no le gustan los melocotones, decidió sustituirlos por zanahorias que son del mismo color.  El sabor no fue como debería de haber sido.

 

Aunque las personas terminaron la receta,  realmente no la terminaron,  y los resultados lo demuestran.  Ellas trataron de tomar atajos o sustituciones que  no tenían relación con la receta que estaban siguiendo.

 

Cuando pienso acerca de la vida en Cristo,  oró para  que cuando termine la carrera, la terminé bien, y no como las recetas de las  reposteras de los videos. Al final de la carta a los Colosenses, leemos los últimos saludos e instrucciones de Pablo a la iglesia. Al concluir, exhorta a su amigo Arquipo a que “cumpla el ministerio que recibió en el Señor” (4:17). Es muy probable que Arquipo fuera un líder de la iglesia con una función específica.

 

Aunque Pablo se dirigía a su amigo, este llamamiento va dirigido también a todos los creyentes. A todas se nos ha confiado un ministerio para compartir el Evangelio y hacer discípulos, y debemos llevarlo a cabo fielmente hasta que el Señor nos llame a su lado. Para quienes somos creyentes, creo que llegamos al acuerdo de que queremos oír: “Bien, sierva buena y fiel» (Mateo 25:21) al final de nuestras vidas, cuando estemos cara a cara con Dios.

 

Si has prestado atención a las noticias en los últimos diez años o más, verás que esto no siempre ocurre así para los creyentes. A menudo oímos hablar de personas que creíamos que eran hombres y mujeres de fe y que no terminaron bien. O bien empezaron a vivir para el mundo en lugar de para Cristo, o bien se descubrió su pecado oculto.

 

La vida cristiana se compara a menudo con una maratón. Si queremos vivir como mujeres que terminan bien, debemos ser diligentes con el ministerio que el Señor nos ha encomendado.

 

 

Entrenar para la Carrera

 

Lo primero que debemos hacer es entrenarnos para la carrera. No soy corredora. Si alguna vez fuera a correr una carrera, necesitaría entrenarme. Si lo intentara ahora mismo, probablemente me haría un desgarre en los isquiotibiales en la línea de salida. Se necesitaría disciplina, dedicación y un plan. Lo mismo ocurre en nuestro camino con Cristo. Cuando confiamos en Cristo, no decimos: “Con eso basta. Nos vemos en el cielo”. De hecho, eso sería ridículo.

 

En cambio, queremos conocer más a Jesús. Queremos comprender su Palabra y vivir para Él. Lo hacemos estableciendo disciplinas espirituales como el estudio de las Escrituras, la oración, la meditación en la Palabra, el servicio, la confesión y muchas otras.

 

Aunque hay muchos recursos disponibles en Internet que te ayudan a saber por dónde empezar, una de las mejores cosas que puedes hacer en tu formación es contar con una compañera o un equipo. Se trata de rendir cuentas.

 

Sabemos que la vida cristiana no siempre es un camino ascendente. Hay altibajos. Hay tentaciones, ya que el enemigo quiere hacer todo lo que esté en su mano para impedir que crezcamos en nuestra fe y seamos eficaces para Cristo. Por eso es fundamental invitar a otras a formar parte de tu relación con Jesús. Al fin y al cabo, Jesús nos dejó su Iglesia. Al hacerlo, permitimos que otras nos den su opinión sobre nuestras vidas, detecten aspectos que quizá se nos escapan y nos animan a seguir adelante.

 

Otra cosa que hay que saber sobre la formación en la vida cristiana es que se trata de un proceso que dura toda la vida. En eso consiste la santificación: en ir creciendo cada vez más a imagen de Cristo. Es algo que haremos durante toda nuestra vida. Si eres de las que buscan la gratificación inmediata, voy a decepcionarte. Caminar con Jesús no es algo que se pueda alcanzar o dominar. Es un proceso diario de permanencia en Él.

 

 

Correr bien la carrera

 

Mientras entrenamos ,lo cual ocupará todos nuestros días, también debemos asegurarnos de que estamos corriendo bien la carrera.

 

Tengo una amiga que es corredora. A menudo habla de su estrategia de carrera, de cómo ha aprendido a dosificar sus fuerzas y de cómo analiza sus carreras para prepararse mejor para la siguiente. Hay algo que es cierto en su caso: independientemente de cómo le haya ido en las carreras anteriores, sigue avanzando. En nuestra misión, hay formas de asegurarnos de que estamos corriendo bien la carrera.

 

La mejor manera de correr bien la carrera es no dejar nunca de lado el Evangelio. El Evangelio es la buena noticia de que Jesús está vivo y ha ganado nuestra salvación. Es que podemos acudir a Él por gracia, mediante la fe, y encontrar perdón y paz. Es la verdad de que estamos en Cristo y Cristo está en nosotras. Las riquezas de nuestra unión con Él son inmensas (Efesios 1).

 

Cuando reflexionamos a diario sobre la verdad del Evangelio, nuestra perspectiva de la vida cambia. Vemos el privilegio y la alegría que supone caminar al lado de Cristo. Cambia la forma en que vemos a los demás. Sabemos que hemos sido perdonadas; por eso, perdonamos a los demás. Sabemos que Dios cuida de los huérfanos y las viudas, por lo que dedicamos nuestro tiempo, nuestros talentos y nuestros bienes a cuidar de los más desfavorecidos.

 

Nunca dejamos de necesitar el Evangelio.

 

La otra forma es vivir en la luz (1 Juan 1:7). Esto significa vivir de una manera que sea visible para los demás. El pecado es sutil y puede desviarnos fácilmente del camino. Si empezamos a albergar pecados, por pequeños que sean, pueden crecer rápidamente y obstaculizar nuestra relación con Jesús. Al contar con una comunidad a nuestro alrededor que conoce a fondo quiénes somos, nuestros hábitos y nuestras luchas, nos protegemos de quedar descalificados de la carrera.

 

Por ello, también debemos asegurarnos de ser sinceras y honestas con quienes nos rodean. Si solo ofrecemos medias verdades o intentamos que nuestras acciones pecaminosas parezcan mejores de lo que son, no nos sirve de nada.

 

Otra forma de correr bien la carrera es mantener la mirada fija en Jesús (Hebreos 12:2). Él es nuestra fuente de vida y quien nos ha precedido en la carrera. Jesús ha trazado el recorrido y nos está esperando en la línea de meta.

 

Si seguimos avanzando con constancia por su camino, descubriremos que la carrera resulta mucho más fácil. Esto se consigue permaneciendo en Él (Juan 15). Llegamos a conocer a nuestro Salvador leyendo su Palabra y dedicando tiempo a la oración. Mostramos a los demás cómo es Él, viviendo plenamente entregadas a su voluntad y a sus caminos, y entregando nuestras vidas por el bien del Evangelio. Se trata de formar parte de la iglesia local y utilizar nuestros dones para edificarla.

 

Cuando hagamos esto con la mirada fija en Él,

correremos bien la carrera.

 

 

Recibir el premio

 

Y entonces, cuando nuestros días lleguen a su fin, recibiremos el premio. Aunque Pablo no se encontraba al final de su vida, la había dedicado fielmente al evangelio. Pablo terminaría la carrera y la terminaría bien. Ahora está en la eternidad con Jesucristo.

 

Cuando los días se nos hacen duros y no estamos seguras de poder seguir adelante, podemos recordar la línea de meta. Vivir con una perspectiva eterna nos ayuda a ver con la debida perspectiva la vida aquí en la tierra, sabiendo que lo que está por venir es mucho mayor.

 

Las que estamos en Cristo sabemos que estamos selladas con el Espíritu Santo (Efesios 1:13-14). Nuestra eternidad está asegurada. Aunque esto es cierto, no queremos perdernos la bendición de correr bien la carrera de la vida cristiana.

 

Dios nos ha invitado a formar parte de su misión. Solo disponemos de un breve periodo de tiempo para participar en ella. Oro para que, al final de nuestros días, podamos presentarnos ante el Salvador agradecidas por todo lo que Él ha hecho en nuestras vidas y poder ver la fila de personas que han llegado a conocer a Cristo y han crecido en Él gracias a la forma en que hemos aprovechado nuestras vidas.

 

Espero que no vivamos una vida de una sola estrella, como aquellas que intentaron seguir una receta y fracasaron.

 

Al pensar en completar bien la carrera de la vida cristiana, coincido con la forma en que Pablo concluye su epístola a los Colosenses. Gracia y paz para vosotros por medio de nuestro Señor Jesucristo. Que Él os fortalezca mientras camináis y viváis en Él, porque una vida en Cristo supera con creces cualquier cosa que este mundo pueda ofrecer.

 

Emily Hope

 

 

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Tenemos la alegría de anunciar nuestro próximo estudio, En Jesús Yo soy, Comprendiendo Mi Identidad en Cristo, es un estudio Bíblico de cuatro semanas sobre nuestra identidad en Cristo.

 

Al enfocarnos en las verdades de quiénes somos en Jesús, lo que Él nos dio por medio de Su sacrificio y la manera en la que somos selladas como hijas de Dios, podemos entender nuestra verdadera identidad.

 

Al crecer en nuestra fe, crecemos en la seguridad y confianza de quiénes somos en Él.

 

Encontrarás, como siempre, nuestro material complementario en esta serie de En Jesús Yo soy, en los artículos de lunes, miércoles y viernes en el blog, devocionales diarios en las redes sociales y una comunidad amorosa que te animará mientras aprendemos juntas lo que significa nuestra identidad en Cristo.

 

Te esperamos el 12 de octubre y juntas seguiremos creciendo en el conocimiento de las Escrituras.

 

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