Póntelo

Cada vez que me encuentro con pasajes de las Escrituras como este, suelen surgir algunas preguntas en mi corazón. ¿Cómo podemos llegar a ser todo eso en un mundo que es constantemente perverso, malvado y que intenta ahogar la bondad y la justicia que hay en ti? ¿Cómo puedo amar cuando algunas de las personas que me rodean son tan difíciles de amar?

Una de las cosas más bonitas que me encantan de Dios y de Su Palabra es que Dios no le tiene miedo a las preguntas. De hecho, estamos llamadas a estudiar, cuestionar y escudriñar el texto hasta que recibamos la verdad que hay en El. Los cristianos de Berea revisaban las Escrituras para ver lo que Pablo les enseñaba y para conocerlo (Hechos 17).

 

Todas tenemos preguntas. Como ya se mencionó, nuestras preguntas no son malas. Sin embargo, podemos equivocarnos al preguntar si no tenemos cuidado. Cuando tenemos preguntas, es de vital importancia que acudamos primero a Dios. Si no lo hacemos, nos enfadamos, nos desanimamos y quizá incluso nos desilusionamos con Dios. Le damos al diablo una oportunidad para sembrar semillas de duda.

 

Acude a Dios y a Su Palabra. Pídele que te abra los ojos a la verdad.
Entonces, ¿cómo me convierto en lo que soy? ¿Cómo me vuelvo como Cristo en un mundo que constantemente quiere sofocar al Cristo dentro de mí?

 

Nuestro texto nos dice que nos lo ¡PONGAMOS!
¡Sí! No podemos hacer desaparecer el mal y lo malo con solo desearlo. Lo que tú y yo podemos hacer, en cambio, es vivir siempre en obediencia a la Palabra de Dios. Si Su Palabra lo dice, entonces lo hacemos. Al principio, puede resultar difícil amar, ser paciente o ser amable con gente que no lo es. Puede resultar difícil orar por tu gobierno cuando ha descuidado las cosas básicas que necesitamos como ciudadanas. Puede que te cueste ser mansa o humilde cuando hay gente que ha jurado acabar contigo.

 

Es difícil hacer estas cosas. Pero si queremos ser como Jesús, tenemos que vivir en obediencia a Su Palabra. Porque es ahí donde podemos fijarnos en el ejemplo de Cristo sobre cómo afrontar estas situaciones y encontrar el poder fortalecedor de la Palabra viva de Dios.

 

Debemos revestirnos de Su Palabra cada día, igual que nos vestimos. No llevamos la misma ropa dos días seguidos. Nos cambiamos de ropa a diario. En nuestra relación con Cristo, también tenemos que elegir y proponernos cada día en nuestro corazón, como Daniel y los tres jóvenes hebreos, obedecer a Dios y hacer lo que dice Su Palabra (Daniel 1;3).

Cuando empecé a escribir esto, el Espíritu Santo me recordó a una compañera de trabajo que me calumnió en una reunión en la que estábamos todos presentes. Me dolió mucho porque era alguien
con quien tenía mucha confianza. Hoy elijo vivir en paz con ella, se disculpe o no, porque la Biblia me lo ha mandado.

 

Cuanto más obedecemos, más nos revestimos

Cuanto más nos revestimos, más nos parecemos a Jesús.

Nuestra vieja yo muere, y nuestra nueva yo, creada a imagen de Cristo, brilla cada vez más.

 

Así que hoy, cuando te enfrentes al mal, responde con el bien. Al principio te costará. Pero cuanto más lo hagas, mejor se te dará.

 

Recuerda a Jesús en estos momentos. Lo insultaron y lo acusaron de cosas que no había hecho, pero vemos que, aun así, siguió amando. Eligió hacer lo correcto. Eligió vivir en obediencia a Dios Padre. Incluso en la cruz, cuando podría haber pedido venganza, clamó pidiendo misericordia. Así que Lo imitaremos hasta que nos parezcamos a Él.

¡Shalom, Shalom!

 

 

Ebos Aifuobhokhan

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