Disfrutando Plenamente de la Salvación

 

 

Me encantan las listas de tareas. Cuando siento que mi vida está desorganizada, me gusta ordenar mis pensamientos en una lista y marcar las tareas completadas. Cada tarea marcada me da una pequeña dosis de dopamina, como si estuviera reiniciando mi mente y mi vida, una pequeña tarea a la vez.

 

Pero, para ser sincera, a veces una lista de tareas es mi intento de sentir que tengo el control. Limpiar la casa, abordar un proyecto o completar una tarea puede ser mi manera de ignorar el estrés que me rodea y tratar de controlar mi entorno en medio del caos.

 

En apariencia, estas tareas no parecen tan malas; ¡parece que estoy haciendo las cosas bien! Pero en realidad, pueden estar impidiéndome lidiar con los problemas más profundos de dolor emocional, físico o espiritual en mi vida. Son solo parches para heridas más profundas. Cuando esto sucede, lo mejor que puedo hacer es dejar la lista, calmar mi mente y pasar tiempo con Dios analizando los problemas reales.

 

 

 

Intentos inútiles de salvación

 

En nuestra relación con Dios, a veces la vida también puede parecer caótica. Aunque seamos seguidores de Jesús, podemos sentir la tentación de intentar salvarnos de las presiones diarias respondiendo a nuestra manera. En ocasiones, nuestra respuesta a las presiones de la vida es claramente pecaminosa. De alguna manera, recurrimos a viejos patrones de pecado para sobrellevar la situación, adormecer el dolor o ignorar por completo los problemas más profundos. Otras veces, esta lucha puede parecer normal, incluso beneficiosa. Completamos “listas de tareas espirituales” para dar la ilusión de que tenemos el control. Esto puede manifestarse en asistir a todos los eventos de la iglesia que podemos, decir lo correcto en las conversaciones con los demás o incluso practicar hábitos espirituales como leer la Biblia porque sabemos que debemos hacerlo.

 

Pero si desveláramos la capa superficial de control, lo que realmente veríamos sería nuestro desesperado intento por salvarnos, ya sea mediante la indulgencia en el pecado o a través de nuestros frenéticos esfuerzos por hacer todo bien y aparentar ser perfectos. Y al final, simplemente nos sentimos agotadas.

 

 

 

En Cristo, con Cristo

 

Cuando Pablo escribió Colosenses, recordó a la iglesia este mismo asunto: no podemos salvarnos a nosotros mismos. De hecho, insistió tanto en este recordatorio que frecuentemente usaba frases como «en él» o «con Cristo» para enfatizar que no tenemos lo necesario para salvarnos de la fragilidad de este mundo ni de la fragilidad de nuestras propias vidas. Solo Jesús ofrece la salvación que necesitamos. ¡Afortunadamente, Él ya se encargó de todo!

 

Pablo nos da dos imágenes físicas para ilustrar esta verdad espiritual. Primero, como una circuncisión terrenal, Jesús nos ha quitado nuestra naturaleza mundana y nos ha dado una nueva vida en Él. Segundo, nuestra inmersión en el agua durante el bautismo nos recuerda que nuestra naturaleza mundana está tan muerta que ha sido sepultada y una vida completamente nueva ha surgido.

 

¿Cómo suceden ambas cosas? En Cristo, con Cristo, a través de Su vida, muerte y resurrección en favor de nuestros pecados.

 

 

 

Vivir con libertad y plenitud en la salvación de Cristo

 

Jesús demostró que solo Él tiene el poder de vivir la vida perfecta que nosotros no podemos, de morir la muerte que merecíamos a causa de nuestro pecado y de vencer el poder del pecado y la muerte resucitando. Por nosotras mismas, no tenemos el poder para hacer nada de eso. Pero en Jesús, empoderados por el Espíritu Santo, recibimos por gracia una nueva vida, igual a la suya.

 

No tenemos por qué permanecer muertas y sepultadas en nuestros hábitos pecaminosos ni en nuestros intentos de autosalvación.

 

Si hoy estás luchando por salvarte, recurriendo a hábitos pecaminosos o listas de verificación, ¿cómo sería confiar en que Jesús ya te salvó y te llama a una nueva vida? ¿Hay algún amiga de confianza que pueda animarte en el camino? ¿Hay algún pasaje bíblico que puedas memorizar, como Colosenses 1:11-12 o Efesios 2:1-9, que te acompañe durante la semana mientras buscas apoyarte en la salvación de Cristo? ¿Podrías pedirle al Espíritu Santo que te fortalezca, te guíe y te convenza cuando te encuentres luchando por salvarte a ti misma?

 

Cuando Jesús terminó Su obra de ofrecer Su vida por nuestros pecados, se sentó porque la obra estaba terminada (Hebreos 10:10-14). Ya no se necesitaba más salvación. Jesús era suficiente entonces, y es suficiente ahora.

 

Si Él ya hizo la obra para darnos vida nueva, ¿qué nos impide disfrutarla? ¿Qué creemos que podemos aportar con nuestros pecados y obras que ofrezca una mejor alternativa a la vida que Él nos da? Nuestro papel como seguidoras de Jesús ahora es dejar de lado nuestras listas de requisitos, abandonar nuestros pecados y vivir libre y plenamente en la salvación que solo Jesús nos ofrece.

 

Alli Clements

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