
Tengo una buena amiga que ha vivido inmenso sufrimiento a lo largo de su vida. Perdió a su madre a una edad temprana. Su matrimonio terminó abruptamente debido a la infidelidad de su esposo. Actualmente, está afrontando la maternidad ella sola.
Cuando pienso en Salmos 55:22, pienso en mi querida amiga. Ella ha depositado, y sigue depositando, su sufrimiento en el Señor, y Él ha sido fiel al sostenerla. Si bien puede que no vivamos las mismas aflicciones que ella, todos debemos esperar tener alguna carga.
En la vida, y específicamente en la vida cristiana, habrá problemas, sufrimientos y cargas pesadas que llevar. Podemos estar seguros de que esto no es una posibilidad, sino una certeza. Jesús nos lo dijo en Juan 16:33.
A menudo, imaginamos la vida cristiana como una de paz, esperanza, seguridad, alegría y contentamiento, por lo que a veces nos cuesta comprender las palabras de Jesús sobre la tribulación. Es fácil sentir que la promesa de dificultades es un error de transcripción, o algo similar. Por eso, conocer el carácter de Dios es de vital importancia. El amor de Dios es el centro de su carácter. Su amor impulsa todo lo que Él hace, incluido acompañarnos en el sufrimiento.
Hay una extraordinaria gracia en las palabras de Jesús, aunque sean difíciles de comprender. Sí, se nos prometen problemas y dificultades en este mundo. Pero también se nos promete que Dios llevará estas cargas por nosotros, como leemos en el versículo 22 del Salmo 55.
Gracias al gran amor de Dios y a la presencia de su Espíritu Santo en nosotros, los creyentes pueden tener gozo y esperanza en medio de la tribulación, sabiendo que no tenemos que lidiar con ella solos. Tenemos un Salvador que sabe lo que es el sufrimiento y que entiende por lo que estamos pasando. Jesús conoce bien la aflicción, pues la soportó en la cruz, abriéndonos el camino para tener una relación con Él.
Date cuenta de que el Salmo 55:22 comienza con el verbo “arrojar”. Si bien es un gozo inmenso acudir al Señor en medio de nuestras pruebas, es nuestra responsabilidad confiarle nuestras cargas. Es nuestro deber reconocer que no nos corresponde llevarlas, sino entregárselas al Señor.
Nuestra naturaleza humana nos hace creer que debemos tener nuestra vida en orden. Esto, en esencia, es nuestro orgullo que nos lleva a depender únicamente de uno mismo. Alabado sea Dios porque no tenemos que permanecer en ese estado de orgullo, sino que podemos llevar humildemente nuestras dificultades ante un Dios amoroso y misericordioso.
Las dificultades no son un lugar donde la alegría pueda existir fácilmente. Al llevar estas cargas, a menudo la respuesta más fácil es regodearnos en nuestras luchas. En estos momentos de lucha y angustia, podemos confiar en que quienes están en Cristo serán sostenidos y fortalecidos por la mano misericordiosa de Dios. Ninguna prueba ni sufrimiento nos apartará de su abrazo, aunque a veces lo parezca. Es una promesa.
La mano firme del Señor puede guiarnos a un lugar de gozo en Él, incluso en medio de nuestra tribulación. ¡Esta es la abundante gracia de Dios manifestada ante un mundo que observa!
El sufrimiento es una certeza para el creyente, pero también lo son la presencia y la fortaleza de Dios en medio de él. Podemos caminar con confianza en toda situación, sabiendo que Dios no nos abandonará y nos cuidará hasta que lleguemos a nuestro hogar final, ¡en donde ya no habrá cargas!
Claire Marshall
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DESAFÍO SEMANA 3
Cada vez que sientas que surge la preocupación esta semana, haz una pausa y ora el Salmo 94:19 o Filipenses 4:6–7.
Escribe: ¿De qué me estoy preocupando? ¿Qué es verdad acerca de Dios en este momento? Entrégale esa preocupación y reemplázala con Su promesa.





