Un Almacén de Sabiduría

 

Hace años, me senté en un salón de clases en la universidad para escuchar a una académica exitosa compartir su sabiduría sobre cuál debería ser mi enfoque como educadora. Sus palabras fueron apasionadas y bien dichas, pero el fundamento de su argumento distaba mucho de lo que dice la Biblia. Ella falló en reconocer que el mayor problema que enfrentamos es nuestro propio pecado y quebrantamiento. Necesitamos desesperadamente un Salvador. Por nuestra cuenta, no podemos rescatarnos a nosotras mismas. Tenemos que recibir la verdad de la Palabra de Dios y apartarnos de nuestra forma de pensar. El verdadero éxito y la seguridad solo se encuentran cuando obedecemos la Palabra de Dios y dejamos que Su sabiduría guíe nuestro pensamiento.

 

El mundo quiere que hagamos lo que parece seguro y fácil. Pero nuestra comodidad y seguridad no determinan lo que es santo y justo. Cuando seguimos la sabiduría de este mundo, nunca agradamos a Dios ni encontramos paz. Si valoramos nuestra seguridad más de lo que tememos a Dios, no nos salvaremos a nosotras mismas.

 

Nehemías atesoraba la Palabra de Dios. Se sumergió en la lectura regular de las Escrituras. Estudió diligentemente sus enseñanzas para comprender la sabiduría de Dios. Meditó en sus verdades hasta que la Palabra quedó impresa en su corazón, y esas convicciones transformaron su forma de ver el mundo y discernir lo que estaba bien y lo que estaba mal. Como líder, cada decisión que tomó fue examinada a la luz de los principios inmutables de Dios.

 

Cuando recibimos consejo del mundo, siempre debemos examinar cómo cualquier argumento se adhiere a la verdad en la Palabra de Dios tal como lo hizo Nehemías aquí:

 

Primero, debemos considerar la fuente de la información. Semaías se hizo pasar por profeta, pero el fundamento de su argumento era el miedo. Estaba confinado en su casa y su aislamiento le proporcionaba una visión limitada de la realidad. En lugar de decir la verdad, basó su razonamiento en conjeturas descabelladas de lo que posiblemente podría suceder.

 

Segundo, Nehemías hizo las preguntas correctas y ejerció un discernimiento piadoso. En la superficie, lo que Semaías proponía sonaba como una forma razonable de proteger su vida de los enemigos. Pero Nehemías se dio cuenta de que este curso de acción sería “huir” de la protección de Dios al desobedecer Su Palabra. A cualquiera que no fuera sacerdote se le prohibía entrar al santuario.

 

Finalmente, en lugar de discutir con su adversario o defenderse, Nehemías recurrió a la oración. Repetidamente a lo largo del proyecto de reconstrucción, este humilde líder reconoció su absoluta dependencia de Dios. Le pidió a Dios que no solo se “recordara” de él y le diera éxito, sino que también se “recordara” de sus enemigos y se levantara en su defensa. Nehemías fue un hombre que entendió que debía trabajar con las manos y luchar de rodillas en oración.

 

Mientras peleamos nuestras propias batallas y luchamos para tomar decisiones, la mejor manera de prepararnos es buscar a Dios con todo nuestro corazón y pedirle que nos ayude a no desviarnos de Sus mandamientos. Cuando estudiamos la Palabra de Dios y dejamos que impregne nuestro pensamiento y nuestros valores, el Señor nos dará un almacén de sabiduría para ayudarnos a alejarnos de los caminos pecaminosos y avanzar con éxito.

 

Lyli

 

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