Maravillándonos Frente a los Milagros de Dios

 

¿Alguna vez has sido testigo de un milagro? ¿Un verdadero milagro con tus propios ojos? Seguramente, podríamos decir que existen milagros a nuestro alrededor todo el tiempo, solo que no nos damos cuenta. Lo cual es cierto. Sin embargo, me refiero a un milagro notorio. De esos que te dejan boquiabierto. Que te ponen la piel de gallina. Que desafían las leyes de la naturaleza. De esos milagros que te hacen pensar: «Nunca volveré a ser el mismo después de haber vivido eso».

 

 

Enfocándose en lo incorrecto

 

Moisés experimentó un milagro así. De hecho, experimentó más de uno. Bajo las órdenes del Señor, Moisés no solo vio milagros, sino que los experimentó de cerca, incluso físicamente. El Señor convirtió el bastón de Moisés en una serpiente y luego lo volvió a convertir en un bastón. Hizo que la mano de Moisés se volviera leprosa y luego la sanó de nuevo.

 

Sin embargo, inmediatamente después de presenciar el gran poder de Dios y escuchar el llamado de Dios sobre su vida, Moisés señala sus propias limitaciones. Esto podría tomarse de alguna manera como  humildad, ya que Moisés reconoce  las inmensas tareas que tiene por delante. 

 

Pero pensemos en lo que acaba de suceder. Dios hizo lo imposible. Convierte un objeto inanimado en un ser vivo. Hizo que apareciera una bacteria incurable y luego desapareciera. Dios tiene dominio y poder sobre toda la creación, desde las ramas y los animales hasta las bacterias y la salud de nuestro cuerpo. En lugar de reconocer con asombro y admiración el poder y las obras del Señor, Moisés se centra en sus limitaciones y defectos.

 

Específicamente, Moisés señala su falta de elocuencia. Sabe que la tarea a la que Dios lo está llamando requerirá una voz fuerte y habilidad para expresarse a fin de guiar a la multitud israelita. Era una gran responsabilidad, incluso para un líder y orador dotado. Moisés lo sabía.

 

Criado como nieto del faraón, conoce bien el poder y la influencia de la corte real egipcia. Históricamente no está claro si Moisés tenía un verdadero problema del habla o si se autoproclamaba poco ingenioso al enfrentarse al faraón. De cualquier manera, Moisés solo ve su incapacidad, no las habilidades milagrosas de Dios.

 

Además, Moisés menciona sus limitaciones, tanto del pasado como del presente, como prueba de que no puede hacer lo que Dios le ordena. Es como si le dijera a Dios: «No podía hablar bien antes de que tú aparecieras, y sigo sin poder hacerlo ahora». Moisés ha sido testigo de los milagros de Dios, uno tras otro, y sin embargo parece afirmar que nada ha cambiado.  

 

 

Confiando en la Provisión de Dios

 

Moisés no está solo. Todos somos como él. Cuando nos enfrentamos a circunstancias que superan nuestras capacidades, cuestionamos y dudamos en lugar de confiar en la provisión de Dios. Vivimos en medio de milagros todos los días, existiendo entre los poderes extraordinarios de Dios en los momentos ordinarios de la vida. Sin embargo, nos perdemos mucho al estar hiperconcentrados en nuestras propias vidas y en los temores que dirigen nuestras mentes. 

 

Proverbios 9:10 dice, “el principio de la sabiduría es el temor a Dios.” Esto siempre me ha desconcertado. Para mí, el miedo siempre ha tenido una connotación muy negativa. Como víctima de abusos durante la infancia, el miedo era mi compañero constante e indeseado. Las noches de insomnio, las pesadillas diarias, la ansiedad social y el deseo de ser invisible para los demás marcaron mi infancia y mi adolescencia. Como resultado, viví con miedo en todos los aspectos de mi vida. Miedo al fracaso en la escuela, a no casarme nunca, a que me atacaran cuando estuviera sola, al abandono de mis amigos, a la vergüenza pública, por nombrar solo algunos. 

 

Pero a los trece años, acepté a Jesús y lo amé desde el momento en que le pedí que entrara en mi corazón. Me entregué por completo. Sentía una profunda pasión por obedecerlo y seguirlo con todo mi corazón. Amar a Jesús era fácil. Obedecer a Jesús era fácil. Pero cuando leí que debía temerle, me sentí confundida. Me llevó años comprender lo que este versículo significaba realmente.

 

El temor se define como una emoción desagradable causada por la creencia de que alguien o algo es peligroso, susceptible de causar dolor o una amenaza. Todos lo hemos experimentado y conocemos el profundo dolor que causa. ¡Pero el temor del Señor es exactamente lo contrario! Es un profundo asombro y conciencia del poder, la santidad, el amor y la justicia de Dios. Es un respeto y reverencia por la bondad de Dios y Su cuidado misericordioso hacia nosotros, los seres finitos.

 

Dios obró estos milagros en la vida de Moisés para que él pudiera comprender personalmente el poder de Dios. Los milagros fueron los pilares en los que Moisés pudo apoyar su fe mientras avanzaba hacia una gran incógnita.

 

Podemos fijarnos en nuestras circunstancias y dejar que el miedo y la ansiedad nos abrumen, o podemos fijarnos en Aquel que tiene el control de nuestras circunstancias. Temer al Señor es sentir reverencia por Él, confiar en Su carácter, entregar nuestras vidas a Su cuidado y control. Es comprender que, sin importar lo que nos depare el futuro, Dios es el Señor sobre TODO ello. Y Él puede hacer mucho más de lo que podríamos pensar o imaginar.

 

¡Miremos a Él, no a nosotros mismos, y veamos qué milagros nos esperan!

 

Melinda Choi

 

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