
Nuestro Padre es un Dios justo. El versículo 36 de la lectura de hoy es profundo. Los israelitas habían sufrido más de 400 años de maltrato, pobreza y miseria. Y de repente, Dios cambió su suerte. El pueblo halló gracia ante los ojos de los egipcios, quienes saquearon todo lo que deseaban y necesitaban.
Puedes confiar en que Dios hará lo correcto y justo. No sé quién necesita escuchar esto, pero se puede confiar en que Dios es justo y fiel.
La huida de Egipto no fue solo la fuga de esclavos de su amo, escapando a escondidas en medio de la noche. ¡No! Fue una valiente demostración del poder y la soberanía omnipotente de Dios. Las Escrituras registran que el Señor mismo permaneció vigilante hasta que los ejércitos de Israel salieron de Egipto. Ante Egipto y el mundo entero, Dios les mostró que no podían jugar con lo que le pertenece.
No sé dónde necesitas que Dios se manifieste hoy. Puede que sea en tu vida, en la de tu cónyuge, un hijo o en cualquier otro lugar. Dios puede liberarte de ese dolor. Su brazo liberador no es débil, ni corto, ni siquiera cansado. Incluso ahora, Él todavía puede obrar un milagro.
Puede que te libere de la situación que estás enfrentando. También puede que la liberación sea Su mano amorosa que te acompaña durante el tiempo difícil, o la capacidad de confiar en Él mientras esperas respuestas, o ver cómo obra de una manera inesperada o en un tiempo que nunca anticipaste.
La huida de Egipto no fue un asunto secreto. No fue un intento fallido ni una liberación milagrosa. Fue precisa, decisiva y completa, con recompensa. Deja que la historia de los israelitas te sirva de aliento para no rendirte. No mires ese problema persistente y pienses que ya está resuelto. Solo se resuelve cuando Dios lo decide. Dios siempre tiene la última palabra.
Tu ayuda es segura. Tu liberación de todo aquello que te ha afligido y mantenido prisionera es segura, ya sea en esta vida o cuando veas a Jesús cara a cara.
Hoy te animo a que invites a Dios a intervenir en esa situación. Pídele que te ayude. Él es un Dios seguro y fiel.
Así que, Padre, juntas desde todas partes del mundo, te alabamos y te damos gracias por todo lo que haces y por todo lo que harás. Elegimos creer en ti. Gracias, Jesús.
Ebos Aifuobhokhan





