
Mi hermana gemela se fue de Estados Unidos en el otoño de 2017 para ser misionera en el Oriente Medio, uno de los lugares espiritualmente más oscuros del mundo. Me había dicho unos años antes que había sentido el llamado del Señor a ser misionera, y aunque me sentía muy emocionada por ella y expectante de lo que el Señor haría a través de ella, también comenzó una época de duelo en mi corazón. Lamento no poder estar en la misma zona horaria para compartir experiencias de vida en tiempo real, no poder pasar juntas nuestros años y descubrir juntas cómo es el ser adultas en el mundo real, lamento no poder entender su vida cotidiana porque se es muy diferente a la mía, etc. Tenía paz sabiendo que el Señor a eso era a lo que la estaba llamando, y a pesar de que tuve palpitaciones durante las semanas previas a su partida.
Me preguntaba constantemente: “¿Volverá la vida a sentirse ‘normal’? ¿Volveremos a vivir alguna vez en la misma ciudad o incluso en el mismo continente?”. Podía imaginar un futuro en el que ella regresara después de unos años, y también un futuro en el que se quedara en el extranjero durante décadas de nuestras vidas. y con esto puedo imaginar, de alguna manera, cómo se sintió el pueblo de Dios cuando fue exiliado y descubrieron que pasarían setenta años antes de que Dios los juntara a todos y los reuniera de nuevo con Él. Ahora, por la profunda bondad de Dios, no tuve que esperar setenta años para que mi hermana sintiera el llamado de regresar a Estados Unidos, pero sí tuve que esperar siete. Solo puedo imaginar cómo se sintieron los israelitas durante setenta años.
Ezequiel 34:16 dice: “Buscaré la perdida y haré volver a la descarriada; vendaré la herida y fortaleceré a la enferma; pero destruiré a la gorda y a la fuerte. Las alimentaré con juicio”. En esta Escritura, Dios les promete que no olvidará ni abandonará a Su pueblo, sino que los buscará como el Verdadero Pastor. Encontrará a los descarriados, sanará a los heridos y fortalecerá a los dolidos.
¿Alguna vez has sentido que Dios está fuera de tu alcance? ¿Que estás demasiado perdido o demasiado inmerso en una situación difícil como para que el Señor pueda sacarte de ella? La Escritura nos muestra que Dios siempre está ahí, listo (aunque a veces, esperando) para intervenir y rescatarnos. ¿Lo crees? ¿Crees que Él puede rescatarte de cualquier situación en la que te encuentres o en la que te encontrarás?
No es que sintiera que necesitaba que el Señor rescatara a mi hermana y la trajera a casa —quería que mi hermana se quedara en el extranjero el tiempo que sintiera la guía del Señor, y lo apoyé de todo corazón—, sino que anhelaba que el Señor nos reuniera para vivir de nuevo en la misma ciudad. Confiaba en que el Señor usaría su vida para su gloria, y estaba claro que ese era Su plan para ella al hundir sus raíces profundamente en la tierra, o mejor dicho, en la arena, de Oriente Medio.
Ojalá hubiera leído ese pasaje de Ezequiel antes de que mi hermana partiera al extranjero para recordar cómo Él puede reunir a Su pueblo. Sin embargo, así como Dios la arraigó en Oriente Medio, me arraigó a mí en Texas. Usó la ausencia de mi hermana para fortalecer mi relación con Él. Recibí tiempo y espacio para discipular a mujeres jóvenes, y fui exigida y podada como solo Él puede lograr. Lo que una vez fue un tiempo de duelo, se convirtió en siete años de crecimiento, de vivir una vida misionera —para ambas— desde dos lugares muy diferentes.
Ruego que, si te encuentras en una época difícil ahora mismo, busques al Señor y recuerdes que Él promete nunca abandonarte. Quizás descubras que has esperado más de lo que hubieras elegido, pero cuando Él responde a tu oración, no hay nada comparable a cómo responde. Siempre llega a tiempo. Mi hermana regresó a Estados Unidos el año pasado, y aunque nos costó un poco volver a integrarnos en nuestras vidas, ha sido la respuesta más dulce a muchas esperanzas y oraciones de que algún día el Señor nos reuniera de nuevo. Estoy muy agradecida de que lo haya hecho.
Haley





