El Gran Yo Soy



Tengo que confesarlo. No puedo leer la historia sobre el nacimiento de Moises sin derramar unas lágrimas. Éxodo 2 tiene un lugar muy especial en mi corazón, ya que siendo una madre adoptiva, y no por las razones que puedes estar imaginando. No estoy derramando lágrimas por la hija del faraón quien encontró a Moisés y lo adoptó(lo que me parece un momento muy hermoso)Pero es otra mujer la que atrae mi atención.

 

Cada vez que leo sobre la mamá de Moises, la mera en la que lo escondió por unos meses y luego su hermana siguiéndole el rastro para asegurarse de que estuviese bien, me hace tener un nudo en la garganta. Cuando la hermana de Moises, sugiere la idea de encontrar una mujer hebrea que lo pueda alimentar, comienzan mis lágrimas a correr, he visto de primera mano el sacrificio de las madres y las familias biológicas. La idea de poder amamantar a tu hijo, al que creías perdido, solo para tener que entregarlo a otra familia una vez que haya dejado de mamar, me rompe el corazón en mil pedazos, porque he visto cómo las madres biológicas han hecho todo lo posible para garantizar que sus hijos tengan hogares seguros y llenos de amor cuando ellas no podían ofrecerles eso. 

 

Y sin embargo, por alguna razón, en este lado de la tierra donde abundan el quebrantamiento y el dolor, Dios utilizó la adopción de Moisés para el bien de todo un pueblo: el pueblo de su herencia natal.

 

Y esta trama me conmueve cada vez que la recuerdo.

 

Esto es lo que estamos observando hoy. Moises nació en una familia, pero debido a las situaciones políticas del momento y las injusticias sociales, fue enviado en un canasto en una travesía por el río con la esperanza de que fuese rescatado. En el momento en el que la mamá lo puso en ese canasto, Dios en Su bondad, permitió que llegara a los pies de la hija del faraón, un hallazgo que permitió que fuese adoptado y que  creciera en la familia más poderosa del país. Y lo más importante de todo esto es que fue adoptado por la familia que estaba oprimiendo al pueblo de Dios, al pueblo de la familia biológica de Moises.

 

Aquí no existen las coincidencias. Nuestro Dios no es un Dios de la suerte o el azar. Proverbios 16:9 dice que «el hombre puede hacer sus planes, pero el Señor determina sus pasos». Dios sabía, cuando Moisés estaba en el vientre de su madre biológica, que este niño sería aquel a quien Dios mismo llamaría para sacar a su pueblo de la esclavitud. Dios sabía lo que se necesitaría para que Moisés huyera al desierto, y sabía exactamente lo que se necesitaría para que Moisés respondiera al llamado de Dios en su vida.

 

A pesar de las fallas de Moisés, sus pecados pasados e incluso la caótica historia de su nacimiento, Dios llamó a Moisés para que fuera líder. Pero más que eso, Dios había estado preparando cada momento de la vida de Moisés, para que poco a poco se convirtiera en el hombre llamado por Dios. Entonces, no debería sorprendernos el hecho de que, cuando Moisés comenzó a dudar de sí mismo, Dios le recordó estas verdades: Cuando el pueblo te pregunte quién te envió, diles que has encontrado a «EL GRAN YO SOY». EL GRAN YO SOY te  envió. El GRAN YO SOY te llamó. Y EL GRAN YO SOY te está utilizando para abrir un camino para que Su pueblo sea libre.

 

¿Ves lo que Dios está haciendo allí? Les está recordando tanto a Moisés como a los israelitas que nuestro Dios, EL GRAN YO SOY, es quien llama, EL GRAN YO SOY es quien salva, y EL GRAN YO SOY no los ha olvidado.

 

Y hoy quiero recordarte lo mismo. No importa tu historia, tus antecedentes o los errores que hayas cometido: Nuestro Dios nos está llamando a tener una relación con Él. Y cuando él nos llama, Él nos equipa en todos los aspectos para la vida y el ministerio al que nos ha llamado. Y así como no descuidó ni olvidó a Moisés en el agua ni a los israelitas esclavizados, tampoco te ha olvidado ni te olvidará jamás.

 

Así que hoy, cuando la duda comience a invadirte, quiero que recuerdes estas verdades:

 

EL GRAN YO SOY me ha llamado. EL GRAN YO SOY  me ha salvado. Y EL GRAN YO SOY  está utilizando cada parte difícil de mi historia para su gloria y mi bien. Y gracias a esas tres verdades, puedo aceptar mi llamado con confianza, no por mis obras de justicia, sino por el gran amor de  EL GRAN YO SOY  en la cruz.

 

Brittany Salmon

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