Dios con Nosotras
Hemos visto a Dios trabajar de maneras incontables hasta este tan esperado momento. Y ahora lo tenemos aquí, el momento en el que El Mesías: Jesuscristo, entra al mundo como humano. En Génesis 3:15, el Mesías nos es prometido por Dios para venir a salvarnos. Después de muchos años de silencio y en espera de la profecía dada, El esta aqui, aunque su llegada es de una manera muy inesperada.
Ese momento lo cambia todo.
El Nacimiento de Cristo
Los pasajes en el Evangelio de Lucas son hermosos y muy familiares para todas nosotras. Recuerdo claramente escuchar esto en casa de mis abuelos, durante la nochebuena, escuchábamos a mi abuela leer esas palabras que vienen del Señor para toda nuestra familia. Sea que las hayas escuchado antes o esta sea la primera vez, el Señor está hablándote de una manera especial. Sus palabras no son vacías o regresarán sin fruto (Isa 55:10–11); siempre están llenas de vida, proveyéndonos de esperanza y propósito. Y están escritas para cada una de nosotras.
Mientras oro y reflexiono sobre este pasaje tan hermoso, Dios me está confirmando su carácter. Esto es lo que me está revelando a través de este momento en el que Cristo entra en el mundo:
- Dios siempre cumple Sus promesas. En medio de la espera, El no se olvida. Fielemente actúa en Su promesa de acuerdo a Su tiempo perfecto. (2 Cor 1:20, 1 Tes 5:24).
- Dios es rico en sabiduría (Rom 11:33). Su camino es el mejor camino. Aunque el pueblo esperaba que el Mesías llegará como un guerrero fuerte, Dios envió a Jesus como un bebe, humilde, modesto y dependiente. Pero ¿de qué otra manera podría el Salvador comprender plenamente nuestra situación? (Heb 4:14–16).
- Dios nos ama incondicionalmente (1 Juan 4:9-10). Él estuvo dispuesto a bajar del cielo y tomar forma humana —para sufrir dolor y padecimiento— con el fin de salvar a los pecadores (a ti y a mí) al convertirse en el sacrificio por nuestros pecados. No hay mayor manera de demostrar amor (Juan 15:13).
- Dios quiere estar siempre con nosotros. Al venir al mundo, Él ahora puede entrar en nuestros corazones. Jesús nos abrió el camino para estar en relación con Dios. Él es el Camino (Juan 14:6). Al poner nuestra fe en Él, se queda en nuestro interior. (Efe 1:13–14).
La presencia de Dios lo cambia todo.
La Belleza de Cristo
Juan 1:14 contiene algunas de las palabras más hermosas que jamás he escuchado: «Y el Verbo se hizo carne». El Verbo de Dios, Jesucristo, Dios mismo: perfección, poder, belleza, bondad, justicia y amor. Se hizo carne, tomó forma humana y se hizo como nosotros (como vemos en Lucas 2) para mostrarnos el corazón de Dios, amarnos plenamente y salvarnos por completo. Él vino a donde estamos nosotros porque no podemos llegar a donde Él está sin Él, y Él desea profundamente estar con nosotros.
Esta verdad no se parece a nada que puedas encontrar en ninguna otra religión. Solo una persona entró en el mundo como plenamente Dios y plenamente hombre con el único propósito de abrir un camino para que todas las personas fueran salvas, y para salvar a todo aquel que creyera en Él. Esa persona es Jesucristo.
Bajo la guía del Espíritu Santo, Juan sigue confirmando que Jesús es Dios. Esto significa que, gracias a que Jesús vino al mundo y caminó sobre la tierra, podemos estar seguros de quién es Dios. Podemos conocer y comprender profundamente el corazón de Dios al estudiar la vida de Cristo. Y esto es lo que Él es: gracia y verdad (Juan 1:14). Uno no puede existir perfectamente sin el otro. Debido a que Dios es justo y debe castigar el pecado, Él mismo vino para convertirse en el pago completo por el pecado y ofrece salvación y perdón a todos los que creen en Él (2 Co 5:21, Ef 1:7-8).
El Esplendor de Cristo
Es por esto que el nacimiento de Cristo es tan poderoso, tan espléndido, tan relevante. Sin ese momento- en el que Cristo entra al mundo- estaríamos atadas al pecado sin un camino a Dios. Pero debido a que Jesus vino al mundo y dio Su vida por nosotros, podemos ser libres del pecado y la muerte y unirnos a la familia como hijos de Dios(Rom 8:1-4).
“pero a todos los que creyeron en él y lo recibieron, les dio el derecho de llegar a ser hijos de Dios.” Juan 1:12, NTV
Querida amiga, espero que ahora más que nunca te des cuenta de que Dios te ama con un amor magnánimo e infinito. Jesús es la prueba. Te animo a que te tomes un tiempo para reflexionar y atesorar estas verdades sobre Jesús, tal como lo hizo María (véase Lucas 2:19).
Él no está lejos, sino presente. No está distante, sino cerca.
No te ha ignorado; te ha buscado.
Él es Emanuel, Dios con nosotros
(Mateo 1:23).
Y Él lo cambia todo.
Grace Ann Oglesby






