
Si tuvieras que describir a Dios en tres palabras, ¿Qué palabras escogerías? ¿Serían palabras basadas en tus experiencias con otras cristianas? ¿Serían palabras basadas en lo que el Señor ha obrado en tu vida? ¿Serían palabras que has escuchado decir acerca de Dios de otras personas, pero de las que tú misma no estas seguras? O ¿Serían palabras que encuentras en las páginas de la Escritura?
Es de suma importancia para cada persona decidir como él o ella piensa acerca de Dios. La manera en que pensamos acerca de Él tiene grandes implicaciones para nuestras vidas. Impacta la manera en que actuamos, pensamos, tratamos a otras, y de la forma en que interactuamos con otros. Cambia la manera de ver nuestro tiempo, talentos y tesoros.
Cuando el pueblo de Israel escapó de Egipto, se encontraron ellos mismos en el desierto y eventualmente en el Monte del Sinaí. Dios había escogido a los israelitas como Su pueblo especial. Fueron llamados a ser santos y apartados. Él hizo un pacto con los israelitas, conocido como la ley de Moisés. Este conjunto de reglas estaba diseñado para enseñarle al pueblo y a las naciones cercanas como es vivir en santidad.
Dios le dio a Moisés estos mandamientos porque estaba cerca de llevar a Su pueblo a la Tierra Prometida, la tierra que Dios juró a Abrahán en Génesis. (“Cuidado, Spoiler” Esto no pasará por cuarenta años por la desobediencia de la nación. Serían sus hijos quienes entrarían a la tierra prometida.)
Cuando los israelitas entraran a la tierra, ellos tenían que embarcarse en una gran conquista para conquistar las naciones que ya habitaban en la tierra. Esto requeriría una gran fe y dependencia de Dios. Para poder hacerlo Moisés y su pueblo necesitaban saber qué clase de Dios ellos estaban siguiendo (aunque ya habían visto a Dios hacer milagros, maravillas y proveerles día tras días).
Es aquí en Éxodo 34 que vemos algunas de las más profundas y claras declaraciones del carácter de Dios. Este pasaje es uno a los que me aferro a menudo cuando me estoy cuestionando o estoy insegura de quien es Dios o si Él puede ser confiable cuando estoy atravesando por cosas difíciles.
Éxodo 34:6-7 declara “El Señor pasó por delante de él y exclamó: —¡Señor! ¡Señor! Dios fuerte, misericordioso y piadoso; lento para la ira y grande en misericordia y verdad, que guarda misericordia a millares, que perdona la iniquidad, la rebelión y el pecado.
Analicemos esta característica de Dios y por qué son importantes para nosotras saber.
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Compasivo
Dios está lleno de compasión. Su cuidado por su pueblo es mayor de lo que jamás podríamos imaginar. No es que Dios sienta lástima por nosotras, por eso utilicé mi frase favorita: “Que Dios te bendiga”.
No, Dios se conmueve de compasión. Se acerca a nosotras movido por un amor profundo. Su corazón se rompe cuando sufrimos las consecuencias de este mundo pecaminoso. Él desea que todas las personas acudan a Él con un espíritu de arrepentimiento
Él es un Padre amoroso. Como tal, desea acercar a sus hijas a sí mismo. Dios es plenamente consciente de todo lo que atravesamos, pues puede ver cada faceta de nuestras vidas y de quienes nos rodean.
Vemos esto perfectamente encarnado en Jesucristo. Los evangelistas nos dicen que se compadeció (Mateo 14:14), la compasión fue lo que lo llevó a sanar a los enfermos y a los que sufrían. Puesto que Jesús era plenamente Dios y plenamente hombre, experimentó todo lo que nosotras experimentamos: alegría, tristeza, dolor, amor, etc. Él es un Salvador que conoce nuestro dolor (Isaías 53:3) y alguien que ama profundamente.
Aunque el plan de Dios pueda consistir en permitir temporalmente que el pecado y el dolor persistan para que más personas puedan conocerlo, no debemos confundir eso con su indiferencia ante estas cosas. Él se entristece por ellas y algún día renovará todas las cosas por completo.
Jesús no se aleja de ti cuando has pecado, estás sufriendo, tienes dudas o te sientes perdida. Él se acerca para estar contigo. Él es compasivo.
Misericordioso
Dios también es misericordioso. La misericordia es un favor inmerecido. Es recibir una recompensa que no nos hemos ganado.
El pueblo de Israel conocía bien este rasgo del carácter de Dios. Cuando Dios le entregó por primera vez la ley a Moisés, el pueblo estaba al pie de la montaña construyendo un becerro de oro para adorarlo (Éxodo 32). Habían abandonado la adoración al único Dios verdadero.
Dios tenía todo el derecho a castigar al pueblo y abandonarlo, pero no lo hizo. El pueblo tuvo que afrontar las consecuencias de su pecado, pero Dios los perdonó y le entregó la ley a Moisés una vez más. Dios siguió utilizando a los israelitas en su plan definitivo de redención.
No merecían tal favor, pero así es Dios.
Dios nos ha dado mucho más de lo que merecemos. Nuestro pecado nos separa completamente de Dios. Él fácilmente podría habernos dejado en nuestro estado quebrantado, pero no lo hizo. En cambio, envió a su único Hijo para que pagara por nuestro pecado.
Jesús fue a la cruz por un delito que no cometió. Él cargó sobre sí mismo el castigo por todos los pecados. Lo hizo por su gran amor, misericordia y compasión. Tres días después de su muerte, resucitó de entre los muertos, venciendo a Satanás y a la muerte para siempre. Ahora, aquellas que acuden a Él con fe y le piden perdón por sus pecados reciben perdón y redención.
Esta es la buena noticia del evangelio. Es la mayor fuente de gracia que jamás haya existido: que Dios redima a un pueblo pecador y lo convierta en sus hijos.
Si nunca has puesto tu fe en Jesús, ¡esta puede ser tu historia hoy! Detente ahora mismo y ora a Dios. Si has confiado en Jesús para el perdón de tus pecados, tómate un tiempo para sentarte y maravillarte de la profundidad de la gracia de Dios en tu vida.
Lento para la ira
Dios es lento para la ira. ¡Alabado sea Él porque este es uno de sus rasgos de carácter! Sé que he sido beneficiaria de la lentitud de Dios para la ira.
Con mucha frecuencia, podemos ser personas obstinadas y olvidadizas. Sé que yo lo soy.
Puedo justificar mis acciones, pensamientos o palabras con mucha facilidad. Pero Dios no me castiga de inmediato por hacer estas cosas. Más bien, el Espíritu Santo obra en mi corazón y en mi vida para convencerme de mi pecado, a fin de que me vuelva a Dios en arrepentimiento.
Vemos esto innumerables veces con los israelitas. Tan pronto como cruzaron el Mar Rojo, el pueblo comenzó a quejarse de que tenía hambre. En lugar de enojarse con el pueblo, Dios les proporcionó codornices y maná (Éxodo 16). Él es lento para la ira con Sus hijas.
Abundante en amor leal y fidelidad
Dios también es abundante en amor leal y fidelidad. Su amor es intenso y constante. Él siempre cumple sus promesas.
Cuando hablamos del amor de Dios, es algo completamente diferente de lo que experimentamos aquí en la tierra. Es posible que algunas de ustedes hayan vivido un ejemplo positivo de amor por parte de un padre, un cónyuge o un amigo. Para otras, su idea del amor se ha visto empañada por el maltrato o el abandono de alguien.
Sea cual sea el tipo de amor que hayamos experimentado aquí en la tierra, palidece en comparación con el amor de Dios. El amor de Dios es perfecto. Nunca se desvanece. Nunca se va. Nunca crítica. Nunca falla.
Dios es fiel. Esta característica proviene de Su gran amor. Debido a que Dios ama perfectamente, Él es fiel a Sus hijas. Cuando Él dice que nuestros pecados son perdonados cuando confiamos en Jesús, Él es fiel a Su promesa. Nada puede separarte del amor de Dios (Romanos 8:38-39).
Conocer, creer y confiar en el carácter de Dios moldea quiénes somos. Que estas palabras de Éxodo 34 sean un aliento para ti y que medites en ellas regularmente para saber que nuestro Dios es compasivo, misericordioso, lento para la ira y abundante en amor leal y fidelidad. Fue cierto para los israelitas en Éxodo, y es cierto para nosotras hoy.
Emily Hope





